Aún contra lo que quisiera
no temo que el corazón se me fracture en mil pedazos,
pues no me pertenece esta libertad, ¿comprendes?
Es que no puedo compartirme así
si nuestra única libertad está en mostrarte mi juego:
vivir para ti una historia de amor escrita en papel.
Ya no soy el mismo,
me duele el alma,
no arrullo con la misma voz mis silencios
y eso me lastima.
No rezo lo mismo cuando me acuesto,
pensando en esto. Recordarlo, revivirlo, tus ojos
tu rostro.
No me arrepiento, pero me punza traicionarme
casi prefería no haber embelesado jamás con tu mirada,
si a veces siento que estoy maldito:
lo que veo sufre
lo que amo, llora.
Si tú no lo entiendes, estoy perdido.
Acabemos ya
si lo que deseo se desvanece
lo que persigo
me persigue
aunque cada minuto haya quedado impreso en mí.
No, Mujer, no eres tú
es la vida. Qué sé yo lo que fue, qué sé yo...
Pregunto al Ángel para que pregunte a Dios
pregunto al viento
pregunto al sol, a la luna
pregunto a las estrellas y a su mudez.
Me pregunto
te pregunto..., amada:
¿por qué en los buenos días que fuimos tan felices
mi cuerpo como una tinaja absorbió toda tu agua?
si ahora que esto pasa mi sed no se calma.
Mujer, por mí no te preocupes
un camino tan vacío y tan colmado de ti estira mis huesos
y tus palabras agrietan mi piel.
¿Me escucharás?
Cierro tus labios con los míos, soplo tu
boca, lamo tu nariz, beso tu frente. Cada ojo lo
beso. Y ahora, ábrelos. Contempla mi mirada,
mírame sólo a mí:
somos una pareja de locos en la noche fría y plana de las almas,
viajando en esto del amor como en crucero de lujo.
Tú y yo somos amantes infieles
entregados sin medida el uno en el otro
vaciados en una vida de historieta,
de novela, de
poesía. De cuento. De crónica policial en papel mache
que al leerla, hará temblar las entrañas.
Nos estamos jugando algo más que un viaje
de ensueño
nos estamos jugando la eternidad, y
temo dormir, temo despertar y tú duermas
contra mí. Soy tu unicornio Mujer
la bolita de cristal en tu canasta
mientras correteas por tu bosque de terciopelo.
Soy tu fantasma preferido, el que te humedece, te
enternece. Adormece.
Hemos construido una telaraña, sí,
qué quizás nos atrape tan diestramente
y todo parezca la sombra de una quimera.
Debemos construir algo donde habitar
una morada
si no, ¿cómo olvido, cómo te borro del inconsciente mío?
Que mejor qué en las cálidas hojas de un libro
un habitáculo numerado
iridiscente propuesta.
¿Cómo te amaron antes?
¿Cómo absorbieron tu ser?
¿Cuál fue la causa qué hizo que el cuento terminara?
Hay momentos en que te desquiero
que me molesta no haber entrado en tu vida antes.
Antes
sí...
y hemos hecho el amor como rito de afirmación
de nuestra felicidad
mientras yo sentía mis humedades
como las tuyas propias
y éramos una pareja de lo más afortunada en la cama
recorriendo profundos territorios
excavando suspiros y forjando acoples.
Lástima que el amor no tenga un diccionario
donde buscar entendimiento
cuando el orgullo es simplemente orgullo
o cuando es dignidad.
Fuimos una casualidad
pero era parte de tu destino, de tus sueños de niña:
tenerte en mente, vislumbrarte conmigo, tocándome
apretando, penetrando.
Si no es necesario inventarlo. Como no, está aquí
es más realidad que mi nombre,
pregúntaselo a mi piel,
cuenta mis temblores.
En fin. En fin..., te llevo en sobres rojos liofilizados
para tomarte donde me apeteces, en sorbos cortos
al llegar la madrugada,
justo cuando un rayo cruza y rompe mi noche oscura.
Es tarde, estoy solo desde el primer instante que me tomas
y has encontrado mi interior tal cual,
con todo,
y luego esto, lo irreal imaginario
así tal cual
(lo que me angustia si no te leo)
(lo que me inquieta sin tocarme)
pasea, corretea
me excita tanto tu amor, activa mis sentidos, mi alma,
como un martillo,
fuerza poderosa capaz de resolver el dilema
y de pronto choco contra el muro de la realidad.
Tú eres eso.
Déjame caminarte, ayúdame a circularte de punta
a cabo para olvidarte.
Debo ser muy egoísta. No me tomes en cuenta,
quisiera inundarte de mi respiración, sentirte mía.
Debo estar muy perdido...
por probar a que sabe tu lengua
que dice todas esas cosas tan lindas.
Sí, perdido...
pues no quiero pensar en ti,
sabiendo que hay días que están hechos para morir un poco,
y bien podrías ser la luz que me ayude a salir de la tormenta
en este vaso de agua, sobre mi mesa de noche,
o para llorar sobre ese ancho Atlántico indomable.
Tú colmas mis sueños de fantasmas y ecos
y no temo ahogarme. No temo morir en tus humedales
que me turban. Me afligen
sin poder respirar.
Quiero tus manos, tus ojos
y sólo encuentro la textura del sueño en mis deseos,
viviendo a través de tu ausencia esta angustia de amor que me sobrecoge.
Veo el día tan triste en alguna parte de mis rincones
mirándome, pidiéndome un poco de luz
al saberte allí
en el mismo planeta que habita mi cuerpo hoy
y sólo veo mi agobiante prisión
mi cobija, mis soles.
No me lo perdono
y lloro por ti y por mí.
Me acompañas desde tu muda cárcel,
y el silencio no sería infinito
después de colmarlo con mis temores, que
si no existiera todo esto, ya estaría volando
hacia ti
para al menos saber que existes y qué estás.
Y el alma... ¿qué hago con mis sentimientos?
¿me los cambio al amanecer?
¿mudo el amor como recambio de ropa?
Me demueles brutalmente
como el amanecer cuando hiela mis huesos
justo antes que alumbre el sol.
Estamos en una noche cerrada, profunda.
Te dejo, amor.
Cuídate. Tus sueños son una imagen verdadera,
Tuya. Tan espada. Tan martillo.
Está bien... está bien... así es entonces
vivamos lo que la noche nos brinda: ríos de estrellas
hojas de plata. Escribamos sobre ellas
eso, sólo eso es la maravilla
que dejará que el amanecer llegue para los dos... sobreviviendo-nos.
Está bien..., está bien..., me siento tan extraño
la verdad, tan ajeno
tan toxico, casi sórdido.
Vuela, no tenemos la culpa.
Vuelve de donde has venido
antes que sea demasiado tarde.
Somos reos de delitos que nos ha jugado la vida.
Eres mi sueño
eres lo que anhelo.
Tú lo sabes: eres mi pan, mi café, mi vino.
Me licuas y derramas sobre tu piel blanca.
Sí, te derramas en mí gota a gota
y juntos en el vórtice infinito.
Y ya. Ya no habrán discursos negativos
contra la prisión de tus brazos,
sólo banquetes espléndidos
sobre manteles verdes
entre fuentes de agua
con esculturas y todo.


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